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Los afectos y las pasiones en la política
Creación: 2015-08-25 01:08:36     Por: administrador

Julio Peña y Lillo E.

 I. Afectos, emociones, pasiones

¿Cuál es el rol de los afectos, las emociones y las pasiones en la política?

Comprender la política implica reconocer los antagonismos y las fronteras (ideológicas, de principios y valores) al interior de la sociedad, conocer los afectos comunes o las pasiones que son movilizadas en la construcción de voluntades e identidades colectivas, para poder disputarse la hegemonía, entre un “nosotros” frente a un “ellos”, y acceder al poder como parte del grupo dominante.

La sociedad está compuesta por un sistema de normas, reglamentos y leyes, cuyo fin es generar conexión entre los ciudadanos y una mayor cohesión social. Las relaciones sociales compartidas por tradiciones y normativas, son las que van a configurar nuestra vida en sociedad.

La vida social se rige al mismo tiempo, por un conjunto de afectos, de lazos, de afinidades, como son la familia, escuela, iglesia, instituciones políticas, Estado, todos ellos, circuitos diversos que generan afectos, disposiciones de conducta, de comportamiento, que se tornan muchas veces inconscientes y terminan circunscribiendo las relaciones sociales, así como las relaciones entre sujetos e instituciones (Safatle, 2015).

Los afectos son los que construyen las estructuras de relación, producen nuestra vida psíquica y emocional, y se convierten en nuestros movilizadores, en función de la manera cómo somos afectados o constituidos por nuestras fantasías, deseos, creencias, carencias, al interior de la vida social. Para poder entender lo que nos impide hacer o no hacer ciertas cosas, debemos conocer cuáles son los afectos y estructuras emocionales que nos movilizan o que nos desmovilizan (Safatle, 2015).

La política, como nos revelan diversos estudios sobre populismo, no está exenta de estos principios. Con los afectos, las pasiones, y emociones, se construyen las –diversas- identidades políticas y a partir de éstas y sus divergencias, es de donde surge el conflicto, propio de toda dinámica política (Mouffe, 2014).

Como nos recuerda Chantal Mouffe (2014), las pasiones pueden ser movilizadas de forma a profundizar la democracia, razón por la cual, ciertos políticos convencionales y pensadores liberales, buscan excluirlas de la cultura democrática, marginarles de los canales del sistema político formal, aduciendo que las mismas son irracionales y por lo tanto, indeseables.

Paradójicamente, las grandes transformaciones políticas en la sociedad no son desde esta perspectiva, una cuestión que provenga necesariamente de las ideologías tradicionales (izquierda, centro o derecha), o de nuevas ideas políticas, sino que están relacionadas, con la capacidad que tuvieron ciertos movimientos sociales, de fomentar, aglutinar y movilizar a la sociedad, a partir de la generación de nuevos afectos.

Si estudiamos y nos sensibilizamos con temas relacionados con la preservación del medio ambiente, y reconocemos que la explotación de naturaleza y los recursos naturales tiene un límite, es muy probable que promovamos otras alternativas de desarrollo, como puede ser la economía social de los conocimientos (Ramírez, 2014), que permite transitar de la dependencia de los productos primarios, hacia la sociedad de las ciencias, las tecnologías y la innovación, y de esta forma, preservar la naturaleza de modo asegurar nuestro bienestar futuro y la vida humana.

No obstante, si seguimos siendo afectados psíquica y emocionalmente siempre de la misma manera (cultura de la explotación, depredación, individualismo, egoísmo, competencia, etc.), es igualmente probable, que sigamos reproduciendo las mismas disposiciones de conducta, y que actuemos siempre de la misma forma.

Y es que: “lo que no se hace sentir no se entiende, y lo que no se entiende no interesa. No hay interés, donde no se entrevé el fin de la acción” (Simón Rodriguez).

Por ello, no van a ser necesariamente las grandes ideas las que producen las grandes transformaciones, sino los nuevos afectos, las nuevas formas de sentir y sensibilizarse con los problemas y sus posibles soluciones, lo que van a empujar hacia esas grandes transformaciones (Safatle, 2015).

II. Miedo, afecto central de la modernidad capitalista

Si retomamos a un clásico de las ciencias políticas como es Thomas Hobbes, veremos que el afecto que ha servido de base en la construcción de nuestra sociedad moderna y en la configuración de los principales vínculos de la sociedad, ha sido el miedo (Safatle, 2015). Este es el afecto político central y al mismo tiempo, de donde parte la gran dificultad que tenemos hoy en día, de generar otros futuros posibles, o de proponer otras alternativas políticas, por fuera del mainstream capitalista establecido.

Para Hobbes (1982), la sociedad está compuesta por una asociación de individuos cuyos deseos desconocen límites (apetitos insaciables), por lo que las relaciones sociales se estructuran a partir de una profunda competencia, de la cual deriva automáticamente una situación de inseguridad constante, o lo que él denomina, un “estado de guerra” permanente, de todos contra todos.

A pesar de que en nuestros días la escases es artificial (creada por el sistema), entrado el siglo XXI, la posibilidad de una guerra o conflicto sigue siendo latente en nuestra vida social, se ha convertido en una forma de estado natural de los seres humanos, que en cualquier momento puede explotar. El miedo que los individuos tienen unos de otros: de la desposesión, la pérdida de lo que es “mío”, de la exclusión, etc., es el afecto que movilizó a las personas a crear instituciones (Safatle, 2015).

El Estado surge de esta manera, para protegernos de las posibles agresiones que provienen de los otros. Su objetivo principal, es la protección contra situaciones en donde la violencia (física de unos contra otros, de sometimiento de unos a otros, y de exclusión de unos a otros, etc.) nos asecha a todos. El Estado se construye y legitima, a partir de la capacidad que tengamos de recordar el riesgo que corremos si nos salimos de su esfera protección. Si recordamos que todo tipo de inseguridad nos asecha, aceptamos la importancia de la figura y el rol del Estado.

El neoliberalismo desde esta perspectiva, no va a ser simplemente un sistema de trueques económicos en función de la maximización de las actividades empresariales, sino en realidad, la puesta a punto de toda una forma de vida o un modo de ser en el mundo.

El ideal de conducta que se impuso con el neoliberalismo y que siendo interiorizado constantemente por las personas, es el empresarial. Ahora nos vemos obligados a ser emprendedores de nosotros mismos, a miramos a nosotros mismos como como una empresa, una mercancía, que nos obliga a invertir en nosotros (educación, cultura, deporte, etc.), con el objetivo inmediato de que ese esfuerzo se traduzca en un retorno en beneficios económicos (Safatle, 2015).

Determinados por la lógica de la acumulación -ad infinitum-, los seres humanos van a estructurar su mundo, a partir de una idea moral cuantitativa, que señala que cuanto más se tiene o más se posee, se es mejor, que eso es “lo correcto”, y cuanto menos se tiene o menos se logra acumular, eso es lo peor, o “lo incorrecto”. Según la “ética” de la responsabilidad capitalista, cada uno va a ser el responsable de su suceso o de su fracaso.

Para esta forma de ver el mundo (que desconoce las asimetrías económicas y sociales de origen), las injusticias o desigualdades no provienen del sistema económico en el que estamos inmersos, sino de la capacidad que tenga cada uno de sobresalir en el juego del mercado. El miedo fundamental que prima en el neoliberalismo, es si somos capaces de organizarnos efectivamente desde una racionalidad netamente económica, o si nuestra vida emocional y afectiva se adecua y obedece efectivamente a los designios de la lógica empresarial.

¿Cómo no tener miedo a tanta competencia (desigual y desleal), a tanta inseguridad, y angustia, que son otra forma de violencia interior, a más, de la violencia exterior o sistémica (de inclusión o exclusión)? ¿Cómo se pueden producir otros afectos?

La tragedia hoy en día se expresa, en la dificultad que tenemos de modificar la situación actual de miedo sistémico, en las limitaciones que provienen de nuestra capacidad de poder generar otras repuestas. Sin embargo, como sugiere Safatle (2015), esta realidad y su complejidad, no debe llevarnos al inmovilismo o a la resignación. No podemos dejar de inquietarnos, y de caminar hacia lo que hasta aquí el sistema hegemónico nos presenta como imposible.

No podemos olvidar, que nuestra historia está compuesta de imposibles que se volvieron posibles, de impensables que se tornaron pensables, y de inimaginables que luego se hicieron realidad. Asumir la dimensión trágica de la vida implica, trabajar en las emociones, superar el miedo, inyectándonos más coraje e indignación frente a las adversidades económicas y sociales (Safatle, 2015).

Políticamente sólo es posible crear, o generar algo, cuando somos desposeídos de las identidades fijas o previas, cuando somos capaces de abrirnos a experiencias nuevas. Cuando aceptamos confrontar de otra manera, o reinventar categorías de pensamiento, sin temer el fallecimiento de las formas de pensar convencionales, que terminan limitando nuestra visión -y alternativa- de desarrollo.

¿Cómo recuperar el gusto de vivir juntos, qué tipo de esfuerzo o concesiones podemos realizar?

III. Igualdad para la libertad

Al contrario de lo que presupone el pensamiento neoliberal y el capitalismo, la construcción de un horizonte de expectativas compartidas, o de un nosotros colectivo, no debe ser percibido como un sacrificio. Es fundamental tener presente como ciudadanos, que el bienestar de cada uno esta está directamente relacionado con el bienestar todos al interior de la sociedad (Balibar, 2010).

Comprender, que las desigualdades y las injusticias producidas por la dinámica capitalista, están relacionadas con la falta de solidaridad y de fraternidad en las sociedades contemporáneas. Que la igualdad, se ha convertido en el neoliberalismo, en una de las dimensiones más olvidadas de las llamadas democracias modernas.

¿Cómo proteger la libertad individual y al mismo tiempo ser capaces de transformarse todos colectivamente? ¿Cómo hacer sociedad, con seres individuales, desligados entre sí, desiguales, y egoístas?

Desde una perspectiva socialista, que antepone la vida humana como una prioridad referencial, es imprescindible recordar que la libertad va a ser el resultado de una construcción política y social, es decir, de un trabajo colectivo. Va a surgir, como consecuencia de un proceso que busca organizar de la manera más equitativa las relaciones sociales.

Las sociedad no puede ser comprendida como un agregado de individuos aislados y autosuficientes, puesto que la sociedad es en sí misma interdependencia, y va a requerir siempre, de grados mínimos de solidaridad para poder coexistir (Balibar, 2010). La legitimidad del Estado, va a estar atada a la capacidad que tenga de hacer prevalecer el bien común, como base para una sociedad cohesionada.

El Estado nos recuerda que el individuo no está solo en el mundo, que hay una autoridad superior que vela por el interés general, que el que se encarga de reequilibrar los desequilibrios propios del mercado, y que esa autoridad y sus competencias son la fuente del lazo social. Sin Estado, la justicia (social, económica, cultural) se ve amenazada, sin paz, se coartan las libertades, por lo que toda sociedad debe aceptar y defender la existencia de un poder colectivo que garantice siempre mayor justicia para todos (Balibar, 2010).

Retomando la perspectiva de los afectos, las emociones y las pasiones, en medio de una cultura neoliberal que fomenta la reproducción del individualismo y del egoísmo, como propios de una naturaleza humana, de ciudadanos aislados y desligados entre sí, es imperativo fomentar y fortalecer una educación sobre la solidaridad y sobre la importancia de consolidar lazos sociales, que no estén mediados únicamente por relaciones mercantiles. (Balibar, 2010).

Trabajar la esperanza implica entonces, construir los consensos necesarios con las fuerzas progresistas, alrededor de una propuesta socialista. Activar nuevos sentidos y nuevos afectos, en dirección del bienestar general, para poder hacer frente a los cantos de sirena que provienen del capitalismo, y de este modo, trabajar en la búsqueda de una mayor justicia y solidaridad, que permitan garantizar el cumplimiento de las diferentes libertades.

Pensar la política desde los afectos y las emociones es también, tener presente la necesidad de mantener activa una campaña permanente de formación política nacional, donde se desmenucen los beneficios, principios y valores de un socialismo democrático, sobre todo, en el marco de los procesos actuales de transición y salida del neoliberalismo.

Una ciudadanía plena en el siglo XXI, tiene que pensarse no como un régimen asistencial, o de métodos de discriminación positiva, sino por el contrario, como un régimen de políticas universales, que ampare a todos los ciudadanos por igual, todos con los mismos derechos. Reconocer la dignidad del trabajo y de los trabajadores al interior del Estado nacional, extrayendo a los sectores tradicionalmente excluidos de su condición de subalternidad, o de clases asistidas, con el objetivo de abolir la cultura de explotación generalizada (Balibar, 2010).

En sociedades ampliamente desiguales, es donde más se requiere tener presente que la desregulación y desmantelamiento de las protecciones sociales, genera automáticamente disparidad en las condiciones de vida, y que está es otra forma de exclusión. Desmantelar lo público, es negar la posibilidad de acceso a los derechos ciudadanos, lo cual genera debilitamiento y deslegitimación de las instituciones públicas, las cuales son las responsables de garantizar el bienestar general (Balibar, 2010).

En política cuando hablamos de reconocer los antagonismos y las fronteras, cuando hablamos de ese “nosotros” frente al “ellos”, cuando tenemos presente la constante disputa por el poder, es que nos vemos obligados a alertar sobre los riesgos inminentes de volver a tener a las clases peligrosas para la sociedad, al interior de las instituciones de poder.

La disputa central desde una posición que defiende al Estado, que defiende lo nacional, así como los principios socialistas democráticos, es evitar que estas fuerzas reactiven nuevamente sus lógicas de la violencia naturalizada y sistematizada (discriminación, exclusión, explotación, etc.), e impedir, gracias a una construcción hegemónica de amplio consenso hacía posiciones progresistas y de izquierda, que esos sectores vuelvan a poner en práctica sus procesos de re-proletariazación de grandes capas de la sociedad, objetivo primordial de las clases dominantes.

Cuando hablamos de afectos, emociones y pasiones, es cuando debemos pensar en colocar como una de las principales prioridades, la defensa de los bienes comunes y el fortalecimiento de las instituciones públicas. De lo que se trata hoy en día, es de trabajar la libertad, pero no como capacidad de aislamiento de los individuos y de los grupos, igualdad no como uniformidad, sino igualdad y libertad, como reciprocidad de las individualidades o como comunidad, en donde las singularidades individuales y colectivas se busquen y requieran mutuamente.

Frente a la sociedad del miedo, del egoísmo y del individualismo, el socialismo del siglo XXI debe trabajar sobre los afectos, y las emociones, para que éstos sean orientados en dirección a fomentar los apegos afectivos-libidinales, que contribuirán a fortalecer los procesos políticos contra-hegemónicos. Frente a la hegemonía neoliberal imperante, el reto es construir otras formas de poder, una hegemonía más progresista, más social, que confronte con las viejas formas de poder, y limite el avance de sus políticas excluyentes.

 

 

Bibliografía

• Balibar, Etienne (2010): « La proposition de l´Egaliberté ». Edi. Puf. France

• Hobbes, Thomas (1982): “El Leviatan”. Edi. Skala. Colombia.

• Ramírez, René (2014): “La virtud de los comunes, de los paraísos fiscales a los paraísos de los conocimientos abiertos”. Edi. Abya-Yala. Ecuador. http://reneramirez.ec/wp-content/uploads/2014/10/005-La-Virtud-de-los-Comunes.pdf

• Café Filosófico (2015) – A lógica do condomínio com Vladimir Safatle: https://www.youtube.com/watch?v=9mUmZQ6o8mk

• Chantal Mouffe (2014): “Política y pasiones: como movilizar afectos en una dirección democrática” https://www.youtube.com/watch?v=UhEd042_WGc

• Rodriguez, Simón: “Ideas -siempre vigentes” http://iraimaarrechedera.blogspot.com/2014/08/ideas-siembre-vigentes-de-simon.html





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